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Testimonio 87
El Reclamo Social del Perú Profundo

Entrevista con Monseñor Pedro Barreto

“Debemos ser una democracia de ciudadanos

El Arzobispo de Huancayo, Monseñor Pedro Barreto Jimeno, es uno de los miembros de la Conferencia Episcopal que visitará el próximo año la ciudad de Aparecida, en el Estado de Goias (Brasil) para participar en la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano. Sobre este tema, el medio ambiente y la pena de muerte, conversamos con el ilustre prelado.

Por José Luis Pérez Guadalupe

Monseñor Barreto, usted es uno de los seis obispos elegidos dentro de la Conferencia Episcopal Peruana para participar en la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano. ¿Cuál es el enfoque que llevarán a esa reunión?

Bueno, un aspecto muy importante es llevar todas las necesidades del pueblo peruano y también de Latinoamérica. Creo que las reuniones que se han dado tanto en las iglesias particulares como en la Conferencia Episcopal Latinoamericana están en la línea fundamental de respeto a la vida. Ese es un don de Dios que tenemos que privilegiar, de manera especial. También hay otros temas que nos preocupan mucho como es la democracia formal, ver cómo esta “democracia de electores” pasa a ser una “democracia de ciudadanos”. En eso la Iglesia tiene que iluminar desde la Doctrina Social que posee, para que la participación activa de todos los ciudadanos haga posible que la democracia sea cada vez más una respuesta a las necesidades de toda la población.

Usted también es presidente de la Comisión Episcopal de Acción Social (CEAS), y hay varios temas que están trabajando y que son comunes a América Latina, ¿algunos de ellos se abordarán directamente en la V Conferencia?

En realidad uno de los temas que también preocupa es la cuestión del cuidado del medio ambiente, del cuidado de la Creación. Además, la Pastoral Penitenciaria tendrá un lugar especial en nuestras reflexiones porque en el último Congreso de la Doctrina Social, realizado en México, se abordó explícitamente este tema como una urgencia. Creo que son temas que nos ayudarán mucho a una reflexión, pero al mismo tiempo pienso que, como precisamente el tema de la quinta conferencia es “En Cristo nuestros pueblos tienen vida”, es una orientación muy precisa para pasar a la acción, una acción conjunta de la Iglesia en América latina, para poder resolver nuestros problemas comunes. Me parece que este tema, a diferencia de los cuatro anteriores que eran reflexivos, impulsa a nuestros pueblos a tener vida en Jesús.

A propósito de la vida, usted ha sido un defensor del medio ambiente y de las personas que viven en él. ¿Realmente está dando resultados la campaña de su Diócesis en Huancayo?

Sí, en primer lugar, podemos hablar de la cuenca del río Mantaro. El Mantaro comienza en el lago Chinchaycocha a 4,100 metros de altura; ya el mismo lago está contaminado por el relave minero. Si desde el inicio el río está contaminado, podemos imaginarnos cómo recoge a través de los municipios los residuos sólidos y líquidos; el mal manejo de los agroquímicos y, sobre todo, los efectos que trae la fundición de La Oroya que, desde 1922, está en funcionamiento. Un dato del CONAM nos dice que cada día se emiten 1,067 toneladas métricas de gases tóxicos, como sodio, zinc, mercurio, etc. Esto es un hecho comprobado. Además, el CONAM ha hecho un estudio, el “estudio Kepler” que revela que por la dirección de los vientos los gases tóxicos de La Oroya llegan a más de cien kilómetros, incluso hasta la ciudad de Huancayo. Esta problemática tiene varias causas. En un principio, desde la iglesia arquidiocesana de Huancayo se ha presentado una propuesta de solución integral, a través de una mesa de diálogo. Gracias a Dios, y a pesar de las situaciones difíciles, hay una creciente conciencia que está despertando en toda la región para resolver juntos este problema medio ambiental que afecta gravemente la salud, la vida y a los agricultores, pues es una zona de cultivo muy importante.

¿Observa algún rasgo positivo en el papel que cumple el nuevo gobierno ante el tema del medio ambiente?

Lamentablemente no, no lo observo. Y digo esto con pena, porque lo único que va a atraer es la prioridad de la inversión extranjera a costa de la vida y salud de la población.

Se ha dicho que la propuesta de la bancada aprista de apoyar la Ley de Pena de Muerte para violadores y asesinos, es inconveniente para el país, porque es inviable constitucionalmente e implicaría renunciar al Pacto de San José. Si es así, ¿cuál es el sentido que aprecia en el nuevo gobierno y sus intenciones de imponer esta ley?

Creo que hay una promesa electoral que hizo el presidente en este campo. Pero, lógicamente también hay un comunicado de la Conferencia Episcopal Peruana sobre el tema. Estoy convencido de que la sociedad civil debe asumir su responsabilidad social de vigilancia y participación cívica en todos los problemas, como es el caso de la seguridad ciudadana. Pero en el tema de la pena de muerte, tan precisa como dice el proyecto, estoy seguro de que no va a proceder. En ese sentido, la vida está por encima de cualquier otro derecho. La sociedad civil tiene que defenderse, pero sin llegar a la pena de muerte, porque está demostrado que esta pena no es una solución a los problemas que estamos experimentando.

Finalmente, Monseñor, desde la revista Testimonio, que es una publicación de socialcristianos que creemos en la Doctrina Social de la Iglesia, y que quiere compartir esas enseñanzas con otras personas de tendencias políticas distintas, ¿qué mensaje daría en esta nueva etapa del país principalmente a los cristianos que estamos algo dispersos en política?

Felicito a la revista por la tradición que tiene y, sobre todo, por la difusión de la Doctrina Social Cristiana, que es la mayor riqueza que tenemos y en muchos casos es la riqueza mejor guardada de la Iglesia Católica. Estoy seguro de que si asumimos la Doctrina Social de la Iglesia en el interior de la Iglesia, podremos saber y disfrutar de una forma de vida consecuente con nuestro compromiso de una fe que promueva la justicia social efectiva; en ese sentido, nuestras vidas cambiarían, sobre todo de los laicos que están llamados a santificar el orden temporal por el Concilio Vaticano II. La Doctrina Social de la Iglesia no debe ser una teoría sino una acción. Es decir, para mí la persona de Jesucristo es la presencia de Dios en acción, es la justicia de Dios en acción. De esta manera podríamos indicar varios valores inherentes a la persona; por eso mismo creo que la revista Testimonio y el grupo que está detrás de ella, cumple una labor muy importante en bien de la comunidad en general.

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