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Testimonio 87
El Reclamo Social del Perú Profundo

Entrevista con Francisco Eguiguren

“Los partidos políticos no sintonizan con la gente”

Las elecciones municipales y regionales del 19 de noviembre último han demostrado que el sistema político peruano atraviesa por una severa crisis de representatividad. Apreciar con lucidez las primeras consecuencias del reciente proceso electoral es tarea que asume el doctor Francisco Eguiguren en este diálogo con Testimonio.

Por Carlos Batalla

Los recientes comicios han revelado algo que podía preverse: la crisis de los partidos políticos y la consolidación de un movimiento de independientes. ¿Qué significa eso en términos políticos?

Creo que debemos considerar distintos elementos. En la mayoría de regiones del país no han ganado los partidos políticos que tienen una pretensión nacional, sino candidatos que encarnan movimientos locales o regionales. Incluso el APRA que contaba con la mayoría de regiones tras el proceso del 2002, ahora la ha perdido. Esto supone un cuestionamiento a la gestión que allí se había desarrollado.

Una primera conclusión es que los partidos políticos nacionales no pudieron incorporar entre sus militantes o “cuadros” a quienes resultaron ser los líderes o dirigentes locales o regionales de mayor representatividad actual; y, a su vez, éstos prefirieron hacer carrera política propia, fuera de los partidos o sin ellos. Es difícil saber exactamente qué grado de consistencia y qué significa cada uno de estos movimientos que han triunfado en los distintos departamentos, algunas de esas personas son conocidas, tienen antecedentes políticos, como Yehude Simon, Guillén, Villanueva, Kouri. Pero más allá de eso, de ser personas que lideran movimientos y que ejercen un liderazgo personal, es difícil saber exactamente qué tipo de planteamientos tienen y qué encarnan como postura.

Imagino que el gobierno de Alan García procurará entablar relaciones individuales, separadas, con cada uno de estos gobiernos regionales, buscará algún tipo de negociación, y probablemente estos movimientos buscarán conseguir del Gobierno la satisfacción de algunas de sus demandas sociales. Como escenario global, los partidos se siguen debilitando, el electorado se fracciona, se dispersa, y eso debilita bastante al sistema político. La composición que tenemos en el Parlamento, a pocos meses de haber sido elegido, no parece tener demasiada correlación con las representaciones políticas que hoy se plasman en las regiones.

¿Esa nueva composición con independientes en diferentes gobiernos regionales, de qué forma condiciona el proceso de la regionalización ? ¿Se consolidará el “departamentalismo” o hay posibilidades de que como independientes, es decir, sin pasado político, se llegue a un entendimiento entre regiones sobre convenios puntuales, por ejemplo?

Más que llamarlos independientes, diría que son movimientos locales o regionales, seguramente bastantes caudillistas y personales…

Con agenda propia…

Con agenda propia, efectivamente. Por tanto, es un poco prematura saber no sólo qué rol cumplirá cada uno de ellos sino también si podrá darse algún tipo de coordinación entre algunos de estos gobiernos regionales. Pueden ser que algunos busquen niveles de articulación y otros actúen de manera aislada, puede ser que algunos lleguen a algún acuerdo con el Gobierno y otros no. Es prematuro saberlo.

Algunos medios han destacado en portada que el partido aprista ha sido arrasado, que los partidos nuevamente han fracasado. De no adoptarse una medida inteligente, creativa, ¿a dónde podría conducirnos esto?

Si bien puede decirse que las elecciones municipales suelen ser más vecinales que políticas, de todas maneras uno puede decir que aun así los partidos políticos de alcance nacional tampoco están encarnando o canalizando la participación de esos líderes vecinales. Creo que no es tan distinto lo que ocurre con lo que se podía prever, porque no olvidemos que en las elecciones generales Ollanta Humala obtuvo una alta votación, pero era evidente que tras esa votación no había ningún sustento orgánico definitivo, sino un movimiento de respaldo coyuntural a un candidato que encarnaba una postura crítica al sistema político y al modelo económico. Luego, como era previsible, se ha diluido porque no había ninguna organización política ni una capacidad de endoso.

Está claro que ninguno de los partidos políticos y sus líderes más carismáticos y representativos tienen suficiente capacidad de endoso. Hay una diferencia entre Alan García y el APRA, Lourdes Flores y Unidad Nacional o incluso Fujimori y los fujimoristas. No olvidemos que en la primera vuelta de las elecciones generales, el electorado dio al APRA algo del 20%, entonces tampoco era previsible que tuviera una presencia dominante en las regiones; y lo de Humala, también era predecible.

El punto de fondo es que los partidos políticos tendrían que tratar de corregir este tipo de problema, aunque ya hay una tendencia –como usted dice- que se manifiesta en varias elecciones. Es decir, Fujimori en 1990, Toledo en el 2001, y casi Ollanta en la primera vuelta del 2006. Han sido elecciones que han dado su apoyo mayoritario a personas que no tenían un partido político sólido. La constante se mantiene: cambian los personajes y escenarios, pero el problema subsiste. Habrá que ver si con estos movimientos regionales se articula algún tipo de relación a nivel nacional o si alguno de estos líderes regionales alcanza una mayor proyección nacional, o también si vamos a tener una mayor suma de parcelas. Lo cual, desde una perspectiva de estructura y sistemas de partidos, es muy mala.

En Lima, en realidad quien ganó fue Luis Castañeda y su grupo más cercano, ¿otro caudillo más?

El caso de Lima es también interesante, porque es evidente que Unidad Nacional ha obtenido un resultado muy favorable, ganó en la gran mayoría de alcaldías distritales, algunos de sus alcaldes fueron reelectos y Castañeda ha ganado con holgura en Lima Metropolitana. Pero, efectivamente, todos coinciden en señalar que Unidad Nacional, ya desde las elecciones pasadas, es una alianza electoral bastante debilitada con el retiro de algunos de sus integrantes, pero además donde no hay ninguna propuesta clara, ni ideológica ni programática; son dos agrupaciones diferentes: el Partido Popular Cristiano y Solidaridad Nacional, este último que tiene un candidato con una gestión de alcalde exitosa, pero que tampoco tiene claro cuál es su propuesta y cuál es su programa. Ganan en Lima limpiamente, pero son poco o nada a nivel nacional, lo cual también quedó confirmado en las elecciones pasadas. Es una exitosa alianza municipal, pero creo que a la mayoría le queda claro que incluso no sólo Castañeda sino muchos de los alcaldes releectos tienen una eficiencia y un prestigio que va más allá de un respaldo partidario o ideológico de la población. Es un triunfo engañoso, es un buen resultado electoral, pero la agrupación Unidad Nacional ni está muy unidad ni es nacional.

La gente parece ver a Castañeda como alguien pragmático, una especie de “Fujimori municipal”. Esta figura es perjudicial para el sistema político, porque propone una salida fácil, incluso con un matiz de intolerancia debido a que los “caudillos” van más allá del consenso y terminan imponiendo algún tipo de política. ¿Hay un peligro de autoritarismo aquí también?

Bueno, Belmont fue dos veces alcalde, intentó dar el salto a la Presidencia sin éxito, igual Andrade; son líderes de movimientos bastante personalizados, como ocurre ahora con Castañeda, porque si bien tienen un grupo de colaboradores en el consejo no queda muy clara la estructura partidaria, encaja mejor dentro de lo que parece ser la tendencia del electorado a nivel nacional a confiar más en personas y agrupaciones y no tanto en organizaciones articuladas ni en planteamientos claramente definidos. Tampoco interesan demasiado los debates porque está claro que Castañeda no buscó uno; no es una persona que tenga presencia activa en medios y, sin embargo, su gestión tiene respaldo popular y ha sido reelecto con holgura.

Son fenómenos bastante curiosos y peculiares, que muestran que los partidos políticos y su estilo de hacer política, desde hace bastante tiempo, no sintoniza con la gente, que se ha cansado y no confía en ellos. Por eso Humala sacó la más alta votación en la primera vuelta y el APRA, si bien logró pasar a la segunda vuelta, sólo canalizó el apoyo anti-Humala. No hay que perder de vista eso, a veces el problema de la segunda vuelta es ese: se olvida cuál fue la votación del partido que ganó. El APRA ganó las elecciones, pero la votación que obtuvo en la primera vuelta tampoco fue dominante. No era la primera fuerza política del país y yo diría que en este momento ningún partido político tiene una articulación significativa a nivel nacional. Ni siquiera el partido aprista, que es el grupo más organizado, tiene en este momento una representatividad importante en el interior del país.

Pero los comicios municipales no dejan de ser la base de la participación democrática de los ciudadanos, el momento principal en que la gente se involucra con su propia localidad. ¿Cree usted que hasta el momento esta participación no ha sido leída adecuadamente por el sistema político? ¿Qué lectura puede haberse dado?

La Ley de Partidos Políticos, que busca fortalecer a éstos, también prevé mecanismos de democracia interna y de participación. Lamentablemente parece que todavía no está dando muchos resultados, porque la estructura del país hace que para muchas personas o movimientos sea más fácil buscar el camino propio. Es decir, en un partido hay un mínimo de estructura, de organización, hay que hacer ciertos méritos para llegar, mientras que algunas personas con liderazgo local arman su propia organización de la cual son la figura casi indiscutible, y muchas veces con ella llegan al poder; esto también se da por el fraccionamiento del electorado a nivel local o regional. Hay cierta improvisación.

Nuestro país es demasiado centralista, por eso a veces no conocemos lo que sucede en las regiones; sin embargo, hay algunos nombres que son conocidos porque tienen antecedentes políticos y otros que en verdad, para las personas de Lima, no nos dicen mucho sobre el antecedente ni lo que significa el movimiento elegido. Creo que el gran mensaje que ha quedado en los últimos años, para mucha gente, es que se puede llegar al Congreso, a las alcaldías, sin mayores antecedentes y, a veces, sin mayor trayectoria, y que los apoyos son coyunturales, que con el mismo empeño o entusiasmo la población apoya a un candidato en una elección y poco después o en la siguiente elección lo puede abandonar. Es decir, no son apoyos muy sólidos, consistentes ni duraderos. Habrá que ver ahora qué hacen las nuevas autoridades regionales.

Muchos de ellos, ganaron en su región, pero no necesariamente tienen las principales capitales de las provincias del departamento, es decir, allí también hay otra debilidad. Son movimientos que han llegado en muchos casos al control del gobierno regional, pero que no tienen tampoco una organización lo suficientemente sólida a nivel municipal. En ese sentido, para Castañeda Lima se le presentó bastante consistente, arrasó en la mayoría de distritos, en algunos casos no cabe duda que causó un efecto de arrastre para los candidatos de Unidad Nacional que, con poco tiempo, no calculaban estar en la pelea, y no sólo han estado en la pelea sino que en algunos casos han ganado. Digamos que Castañeda y Unidad Nacional en Lima, como agrupación tienen la posibilidad de un manejo bastante consistente a nivel de las alcaldías, allí tienen una gran mayoría, pero no tienen la región. Y si bien la región Lima-Provincias no tiene nada que ver con Lima Metropolitana, de todos modos también está un poco descolgada.

¿Cómo se proyecta el panorama político?

Creo que el panorama confirma una tendencia que viene de antes y que mirado desde una perspectiva de consolidación institucional de la democracia, no es muy alentadora, porque puede ser que haya participación y entusiasmo, pero no necesariamente se ve una brújula, una consistencia.

 

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